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879658El deseo silencioso de un padre es que su criatura obtenga lo mejor de ambos progenitores. Nunca pretender la perfección de su carácter, pero sí animar las virtudes de su descendiente y guiarlo hasta alcanzar a dar lo mejor de sí mismo, corrigiendo sus errores.

Una vez obtenida la primera parte gracias al azar genético, la segunda, de mayor riesgo, ha de ser cultivada, con el paso del tiempo, en paciencia, tesón y altas dosis de permisividad. Y, en algún momento, te darás cuenta mirando a tu retoño, sin reparar en ello, del orgullo que te imprime su resolución ante cualquier nimio avatar que entorpezca sus acciones, un premio que atesoras hasta el final de tu existencia.
El primer vástago proveniente de la relación entre Robert Sall (WORK OF ART, W.E.T.) y Steve Overland (FM), unidos en segundas nupcias por Frontiers, no podía ser más gratificante, máxime cuando soy uno de los mayores detractores de estos híbridos vacía bolsillos que suelen ser los experimentos musicales reúne “celebrities” tan de moda en la actualidad.

Habiendo tomado el ADN más puro de, para mi gusto, los momentos álgidos de WOA, los de mayor intensidad AOR clásica (principalmente de su debut), contrarios al refrito Frontiers y, unidos al recuerdo primerizo de aquellos FM sin medicarse en el Blues, con un Overland centrado en las canciones y no en su lucimiento vocal desmedido (imposible no brillar con semejante voz), la pareja presenta en sociedad a su hermoso y rollizo primogénito de, esperemos, una abultada prole que mejore la raza.

AOR “made in the Eighties” con presencia actual en la comandancia de la producción pero con claro sabor y amor a una época dorada.

Teclados con un tapiz que no solo adorna, sella melodías injustamente olvidadas por compañeros afamados. Guitarras suaves y versátiles con solos efectivos, hasta virtuosos cuando requerido y arreglos necesarios. Pulso suficiente como para certificar que “este muerto está muy vivo” y, cómo no, pasajes vocales de ensueño, bien sea en estrofas altamente llamativas, puentes volátiles o estribillos ganadores.

Over My Shoulder, intensamente emocional, Will It Make You Love Me (donde se entrelazan de forma preciosa el deje compositivo de OVERLAND en su banda en solitario, en concreto con su segundo disco, y lo mejor de WORK OF ART), Tonight (favorecedor medio tiempo con guitarras HAREM SCAREM), la positiva Eighteen Till I Die (más FM imposible) o The Sound of a Broken Heart (una clara ganadora a medio camino entre los 90 e himno 80´s).

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Y es que así podría etiquetar cada tema hasta llegar al final de un disco que, sin ofrecer nada nuevo, consigue justo lo contrario, sonar como muy pocos podrían en este género, creando así singularidad, toda una paradoja.

De los artistas principales poco que decir, IMPRESIONANTES, voz y guitarra respectivamente en inspiración superlativa. El resto de la banda, Nalley Pahlsson (TREAT, THERION) al bajo, Herman Furin (WORK OF ART) batería y, una vez más, Alessandro Del Vecchio a los teclados adicionales y producción, cohesionan un regreso del pasado al futuro creíble, admirable y sobre todo, apasionante.
Como bonus track incluyen una versión acústica de la cándida balada Someting Worth Fighting For.

Si sólo vas a darle un par de escuchas a este disco y conjeturar que es más de lo mismo, te voy a dar un consejo: Deja que este niño empiece a andar e interactuar, pasarás grandes momentos y animarás a sus padres a que vayan a por el segundo. Te harás un favor.

82%

Jesús ALijo Lux

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