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410vXY4R7uL._SY355_Treinta años han pasado desde que Robert Berry (ALLIANCE) juntara fuerzas con Keith Emerson y Carl Palmer, ambos de los genuinos, respetados y admirados EMERSON LAKE & PALMER para invocar a la numeración de la trinidad, el 3 como nombre de su nueva banda.

Sonrojaron, a unos ya condecorados ASIA, con un trabajo de fusión AOR y Rock Progresivo que embadurnaba la inocencia comercial de sus compatriotas a base de tangibles capas de seriedad y sofisticación, sin perder de vista el enfoque primario de unas composiciones realizadas para el agrado popular.

Treinta años en los que el tiempo ha hecho, como no, de las suyas, descolgando a un Palmer no excesivamente convencido del proyecto y, lo que es peor, separándonos de la carcasa de hueso, carne y hálito del excelso teclista Keith Emerson, quien sumido en una acuciante crisis expropiadora de la justa autovalidación de su capacidad creativa y compositiva, decidió poner fin a su existencia suicidándose.

Podríamos hablar de un disco póstumo de Emerson con toda su genialidad en impresión y reflejo de ampliación de Berry ante el infortunio (tenían avanzado mucho material) pero, bautizado nuevamente como 3, he de valorarlo como sucesor a “…To The Power Of Three”, lo que flaco favor le hace.

The Rules Have Changed concluye que el espesor melódico de antaño ahora se relega a trazos discontinuos, hermanos de leche de aquellas mágicas primeras ocho composiciones, hallando el devaneo Progresivo mayor radicalidad. Fluctúan composiciones que disienten de una continuidad espontánea, cediendo a enrevesados encajes de puzles armónicos fundidos en disonancias calculadas y, en intrigante evidencia, a la repetitiva ecuación que intercala y multiplica pasajes instrumentales basados en el protagonismo exacerbado de un sinfonismo que, en su mismo refuerzo, resulta innecesario.

Porciones, puntuales o cíclicas, de oberturas de pianos clásicos, progresión FOCUS-TULL, rimbombancia Jazz, omnipresencia y virtuosismo Emerson, sensibilidad y templanza New Age, versos QUEEN más complejos y acomplejados, instrumentación DREAM THEATRE versada en el dorado del Prog, juglarismo MAGNUM frente a los espacios en los que Berry, en su cruce vocal Marcie/Mark Free y Lou Gramm, encuentra intimidad para arrojar algo de inofensiva luz de neón con corriente alterna de los lejanos ochenta. El nivel instrumental, vocal e interpretativo queda asegurado.

Los temas, por separado, avanzan progresivamente y progresan adecuadamente pero, subyugados al conjunto y al orden, pasan a ser pasto difícilmente diferenciable.
Son los momentos más versátiles dentro de la distancia a esta disciplina marcial los que mejor soportan la criba atencional, como por ejemplo:

This Letter que da un merecido respiro con su hermosa acústica y la sentida voz de Berry, encajando los sucesivos adornos instrumentales sin extrañeza, otorgando dimensión y recreación. Aquí es imposible no alabar las transiciones perfectamente amansadas, la historia que nos hace embarcar a un momento idílico y la sensación de virtuosismo sin lastrar el propio sentido de comunicar.

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La franqueza de la única instrumental completa, al finalizar el disco, Sailors Horn Pipe, en posesión de un carácter marcado por cierta anarquía cromática dentro de su orden cuasi cinematográfico.

O Powerful Man, exquisita en sus líneas vocales y el latido inalterable de su primera huella discográfica. Uno de los tres descartes de ese instante, podría apostar, que anunciaron tendrían su lugar en este disco.

Lástima que desde 1988 hayan pasado treinta años en los que todo se ha movido como si fueran sesenta, por ello, la esperanza del receptor, si convencida y arrinconada en el recuerdo, no pueda evitar susurrar en estas ocasiones: “Así me cuesta mantenerme”.
Encontrará su público, no lo dudo, pero se despedirá de sus fieles amantes de aquellos maravillosos años.

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Jesús Alijo Lux