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Cuando eres sincero contigo mismo y te entregas a tus labores con ilusión, cuando, a pesar de los vaivenes del minutero y su pulso con las tendencias te mantienes fiel a tu filosofía, la balanza que mide tu esfuerzo siempre cederá a tu favor. Pocas veces podría afirmar algo con determinada osadía, pero, llámenme soñador, aun creo que hay recompensa tras la honestidad. Esta es la premisa de la que parto después de haberme colocado compulsivamente, como un adicto de alta esfera carente de preocupación alguna, con el nuevo disco del archiconocido Marco Mendoza.

Impresiona revisitar el plantel de agrupaciones en las que el virtuoso bajista ha dejado impronta: WHITESNAKE, THE DEAD DAISIES, ALIAS, BLUE MURDER, TED NUGENT, BLACK STAR RIDERS, JOHN SYKES, RIPPER OWENS, DOLORES O`RIORDAN (THE CRAMBERRIES) y así hasta un largo etcétera que culmina con tres discos bajo su autoría.
El segundo día de Marzo de 2018 verá la luz este pulso sin pretensiones de reinventar la industria musical, indiferente a ambición por cambiar el mundo y que por el contrario, hace de él un lugar más cálido, menos mundo. Un disco del que es fácil contagiarse, directo (mi inquieta imaginación adorna cada canción con efusivos aplausos, como si del tirón fuese ejecutado ante mí).

Soren Andersen a las seis cuerdas y los coros y Morten Hellborn a la batería, (ambos de la banda de Glenn Hughes) son un seguro a la hora de exprimir todo el jugo instrumental de este puñado de sabrosas canciones. Las frecuencias que irradian las cuerdas vocales de Marco encajan en rangos característico de Hughes (apartando la magnificencia del maestro pero conservando la garra, el estilo y una noble distinción) floreciendo como influencia y madurando en un respetuoso homenaje a alguien inigualable.
Viva La Rock abre fuego con su hard rock potente. De factura setentera, ramalazo ochentero y templanza blues, fundidas entre sí y revitalizadas al presente, aireando toda una declaración de intenciones que no solo convence, sino que te arrastra a la causa sin rechistar.

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Menos ruda, más refinada para el paladar general, aunque poseída por el mismo espíritu se sucede Sue Is On The Run. Su veterano estribillo, sumergido en la profundidad de una guitarra etérea, aconseja mantenerse alerta y no habituarnos a cánones inalterables.
Con similar raíz arrancan el motero Rocketman (que no cede, con su mafioso ritmo swing, a la marcha imperativamente fiestera con la que estamos siendo llamados a filas) y Sweetest Emotions, un esplendido despliegue de percusiones, secciones de viento y aroma al amor más puro por los clásicos americanos de carretera.
Chinatown, hito imperecedero de THIN LIZZY, excelentemente homenajeado con la inestimable ayuda de Mike Tramp (WHITE LION) y Richard Fortus (G´N´R). Sobran las palabras.

Burned, con reminiscencias más acentuadas de Glenn Hughes y su variopinta visión cromática, adornan un tema que rompe con la antesala en la que nos hemos acomodado y nos guía por el hall de la bravura. Apostando por sonoridades más novedosas y rotundidad comedida, se provee de la intensidad suficiente como para no dejar atrás a nuestra atención.

Discípulo de la tónica anterior pero con predominancia de sabor a funk se destapa Love 2 U. Un preludio de coros marca Beatle travestidos por el ambiente discotequero, navegan conjugados con un blues ligero, donde un ógano Hammond aparece y desaparece como un fantasma vagando entre la niebla de decibelios en la que estamos inmersos.435730.jpeg

El romanticismo de unos Whitesnake actuales y la elegancia melódica en solitario de John Sykes comprenden la maravillosa sensibilidad de un Leah que nos da un momento de intimidad para apreciar la sencillez de rendirse a la belleza. Un elegante homenaje al momento clave en muchos discos de los ochenta, resuelto con maravillosa escuela.
Como bien anuncia la voz de Mendoza, esto va a ser otro tributo, pero en esta ocasión al gran Ted Nugent. De forma minimalista, sin mucho más que la afectuosa rendición ante el clásico Hey Baby, nuestra verborrea es arrebatada de nuevo.
Let It Flow, en sus primeros compases, me hace viajar al precioso Sarah, quizás por nostalgia, de los de Phil Lynott. Virando a una faceta que profundiza en la intimidad, y que refuta la presencia constante de la voz del rock en este tramo final del álbum. Delicatessen.

Me quito el sombrero ante semejante colección de actitudes a gusto de cada consumidor (cada una con su particular historia descrita por Mendoza). Pero incluso alabo su talante a la hora de encarar un nuevo disco físico en los tiempos, no ya que corren, sino los que quieren hacernos creer que corren muchos artistas y su falta de compromiso y creatividad. Viva La Rock!!! Viva Marco Mendoza!!!

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Jesús ALijo Lux

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