No puedo por menos que expresar mis simpatías por aquellas personas que persiguen sus sueños hasta sus últimas consecuencias. Yo mismo tuve un sueño, y lo hice realidad, aunque esa misma realidad se encargó de difuminar los contornos del paisaje hasta convertirlo en una quimera innecesaria. Soñando Sueños y Flavio Barón, tanto monta monta tanto, me provocan ese mismo instinto de protección que cuando observo a una persona caminando al borde del abismo, con una sonrisa en los labios, a despecho de los elementos. Giras de escasa repercusión y ruinosas las ha habido y las habrá, la diferencia estará siempre en la perspectiva: me hace feliz, me importa un huevo. Esa es la actitud. Desde aquí, mis respetos, Flavio, porque veo mi pasado reciente reflejado en tu presente. LIVE4AOR dejó de ser una realidad para pasar a ser un bonito recuerdo, nosotros pese a las buenas ideas no pudimos o no supimos hacernos entender entre un público escaso, apático y poco comprometido, como es el del rock melódico. Espero y deseo que Soñando Sueños nos siga ofreciendo su programación durante mucho tiempo, al menos mientras el cuerpo y la cartera aguanten.

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Esta reseña es la crónica de una tarde noche de domingo en Madrid, en la que se nos ofrecía la oportunidad de conocer a una jovencísima banda sueca, Midway, que si bien no encajaban en absoluto en el guión estilístico preparado, sí demostraron al menos tener unas ganas a prueba de bomba. También pudimos reencontrarnos con viejos amigos, como los madrileños Bon Vivant, que siempre cumplen, y disfrutar del poderoso directo de una de las mejores bandas británicas en el amplio espectro de agrupaciones que practican rock melódico en las islas, una banda que crece a cada minuto, una banda que empieza a ser ya imprescindible para entender el resurgir del brit aor: Vega. Inmensos, poderosamente melódicos, peligrosamente adictivos. Una bandaza en toda regla, como comentaremos en párrafos postreros.

Todo era perfecto, menos lo imperfecto: como casi siempre, la asistencia de público paupérrima (hay que decir que jugábamos contra los elementos, en otro lugar de Madrid el ex Purple y Rainbow Joe Lynn Turner desgranaba su nostálgico karaoke), y el envoltorio desastroso de la vetusta y cansada sala Arena. Los problemas técnicos que agotaron y exasperaron a los músicos durante toda la velada son achacables en su totalidad al anciano equipo con que cuenta esta sala, y a la escasa pericia de los técnicos tanto de sonido como de luces. Siento ser tan directo, y seguramente habrá quien diga que la sala es maravillosa, pero siempre me pienso acudir a un evento cuando es en la sala Arena. Acoples, cortes, unas luces que parecían las luces de una obra civil en mitad de un descampado….. Despropósito que deslució un tanto un evento que ya de por sí iba a necesitar de mucha ilusión y energía para poder llevarse a cabo.

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Midway. Tres jóvenes y espigados suecos, un power trío practicantes convencidos de un rock contundente y áspero, con muchas querencias melódicas y buenas ideas, pero que seguramente hubieran encajado mejor en otra gira y en otras circunstancias. Apuesta personal de Flavio Barón, cumplieron, de eso no cabe ninguna duda, con sus cometidos principales: darse a conocer, vender algunos cds, y entretener al respetable. A mí no me dijeron absolutamente nada, aunque no puedo negar que me divertí viendo las evoluciones de su vocalista y guitarrista, Leaf, y sus conversaciones tímidas y obligadas, máxime cuando en el primer tema rompes una cuerda de tu guitarra y no tienes otra preparada en escena y tienes que abandonarla para volver con otro instrumento cinco minutos después, mientras tus dos compañeros no atinan a sacudirse la pereza y arrancarse con alguna jam a modo de maniobra de distracción. Un buen puñado de temas de su disco debut, ‘Kickstart Riot’, más un par de temas de lo que será en breve su nuevo disco, a editar en noviembre según comentaron en varias ocasiones. Traían buen cartel de sus anteriores bolos tanto en Bilbao como en Salamanca, pero para mí no había nada en su propuesta, simplemente, no es mi estilo musical favorito.

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Bon Vivant, como dije antes, son viejos conocidos a pesar de su reciente historia discográfica. Una banda que siempre juega en casa, porque en las primeras filas las caras son todas conocidas. Temas de su EP, así como de su reciente ‘Un Juego de Tí’, siempre efectivos, melódicos, resultones, con esa querencia pop que muchos les reprochan pero que no deja de ser el sello personal de Bon Vivant. Borja, contundente siempre tras su kit, alegre y sonriente, Charly, la cara y la voz de esta banda, más entonado que en otras ocasiones que les he visto, manteniendo el tipo a lo largo y ancho del set, demostrando que está creciendo a marchas forzadas, y Javi, por fín, sin la compañía de su fiel Hello Kitty. Y, en efecto, Bon Vivant tienen bajista. Los problemas técnicos que antes reseñábamos se cebaron bastante en la actuación de Bon Vivant, continuos acoples y zumbidos que deslucen siempre una actuación, y desesperan a los músicos porque la solución no está en sus manos, sino enfrente. Máxime cuando lanzas mucha música de apoyo desde elementos externos. Todo ésto se suple como hicieron ellos, con ilusión y fantasía. Seguimos avanzando.

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Lo de Vega es simplemente acojonante. Esta banda ha crecido exponencialmente hasta niveles ultra profesionales. Lo tienen todo: unos temas por los que muchos matarían y otros, simplemente pagan (los hermanos Martin son compositores muy solicitados), una pericia instrumentística rayana en la perfección, y un frontman como hay pocos en el mundo del rock melódico. Nick Workman es una auténtico torbellino en escena, con su imagen y voz cada vez más cercanas a las de Joe Elliott (podría perfectamente reemplazarle si decide tomarse unas vacaciones al frente del leopardo sordo), y esa actitud concentrada y resoluta que le llevó a amenazar con la mirada en varias ocasiones a los técnicos de sala a causa de los problemas reiterados que sufrió la banda a todo lo largo del set.

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Una vez sentadas las bases de lo que sería su actuación, y resignados a que desde la mesa no se daban soluciones, Vega decidieron poner la puta sala patas arriba, a despecho de los setenta u ochenta ocupantes que nos arracimábamos a cada momento más cerca del escenario para dejarnos abrasar por la potencia de una banda en estado de gracia.
“Explode” reventó en nuestra cara, para a continuación darnos cuartel con “Kiss Of Life” y volver a hacernos subir a la montaña rusa para partirnos la boca con “Every Little Monster”. Los problemas de sonido no dieron tregua a todo lo largo del set, pero a partir de este tercer trallazo todo dejó de importar, hasta el flamante nuevo fichaje, el guitarra rítmico contratado supongo para esta gira, dejó de intentar hacer coros dada la imposibilidad manifiesta de que se le escuchara. Mi atención se dividía a partes iguales entre Daniel Chantrey y Marcus Thurston, dos bestias malditas enfebrecidas en el noble arte de extraer magia de sus instrumentos. Debo decir en honor a la verdad que la guitarra de Thurston fue quizá el único elemento que se libró de los duendes, sonando perfecta a todo lo largo y ancho del set. Chantrey maltrató a puro músculo el kit prestado, supongo que por el bueno de Borja idem.

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“Gonna Need Some Love Tonight” da paso a un divertido “What The Hell!”, mientras volvemos a ‘Stereo Messiah’ para saltar y sudar con “All Or Nothing” y retornar a la razón fundamental del evento, que es presentar el flamante nuevo trabajo, ‘Who We Are?’ a través de la inmensa “If Not You”.

La actuación se desarrolla sin solución de continuidad, sabedores de que las puertas ya habían abierto con retraso y que la norma habitual en las salas de Madrid es no andarse con chiquitas a la hora de cortar una vez llegado el tiempo pactado con los promotores. Así que ni bises ni hostias, “Stereo Messiah”, y “The Wild, The Weird, The Wonderful” suenas pegaditas,para volver a recordar ‘What The Hell!’ a través de “White Knuckle Ride”. Estamos acercándonos al tramo final, con unos majestuosos Vega haciendo de nosotros literalmente lo que quieren, violando nuestra voluntad, rozando la indecencia. De nuevo levantando las manos con “Hands In The Air” (es facilón, pero lo tenía a huevo), y volviendo a su primer y bisoño trabajo discográfico a través del recuerdo encarnado en la maravillosa “Into The Wild”. Cómo me gustan los buenos trabajos de AOR preñados de teclas, y aquel “Kiss Of Life” fue top 5 para mí en 2010.

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“White Flag” y la forma en que la coreó toda la sala es una muestra de que al menos conocíamos adecuadamente y amamos ‘Who We Are’ a pesar de su juventud. Terminamos con “Wherever We Are” y por fín con unos de los mejores temas de la nueva criatura, “Saving Grace”, nos dejaron exhaustos y presos del Síndrome de Estocolmo que supone amar a quien te ha mantenido secuestrado durante cerca de hora y media. Si os los encontráis en vuestro camino, proteged vuestro corazón, porque nada volverá a ser lo mismo.

Espero y deseo fervientemente que la carrera de esta banda y sus expectativas de futuros directos no se vean afectada por estas pequeñeces que a veces suceden en una gira. Quizá estemos hablando de “the next big thing” y muchos lamenten no haber sido capaces de desembarazarse del abrazo de su sillón favorito para apoyar un poquito una escena herida de muerte.

Por cierto, no eché en absoluto de menos a los suecos Art Nation. Cosas que pasan.

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Crónica: Rocky

Fotos: Raúl Blanco