descargaPuro AOR sin contaminar. Si tuviera que definir este impresionante lanzamiento con pocas palabras, serían esas. Pero probablemente os apetezca que desarrolle un poco mis ideas, y si no tenéis nada mejor que hacer durante un rato, quizá os pueda convencer de las bondades de un disco realmente sorprendente y cautivador. En efecto, parece que se hace necesario incidir en el concepto que apunto al principio: Palace ahondan en las raíces de un estilo continuamente acusado de inmovilista y agónico, para, en una suerte de harakiri ideológico, de negación del progreso, remachar la oferta discográfica para este 2016 con uno de los mejores discos que he escuchado en los últimos años, a la altura de los clásicos venerados por los más sabios del lugar.

La innovación y el estudio permiten avanzar y crecer: no puedo oponer ningún argumento sólido a esto, pero creo que en el mundo de los sentidos las cosas suceden de otro modo. Soy un amante del AOR clásico, y a fe mía que Palace me han dado lo que hace tiempo buscaba con ahínco, un puñado de canciones de puro AOR, bien producidas y estructuradas, dotadas de un alma y un sentimiento supremos, sin influencias aparatosas apreciables, emergidas del túnel del tiempo preñadas de ilusión y fantasía. ¿A qué suenan realmente estos desconocidos Palace? A respeto por un legado manoseado y pervertido en los últimos tiempos por mesías impostados, a futuro y a presente. Y sobre todo, a TALENTO. Un talento absolutamente inagotable que irradia de las manos de la nueva perla del universo Frontiers: el guitarrista, vocalista y compositor sueco Michael Palace, cuyas aportaciones a los últimos lanzamientos de First Signal, Cry Of Dawn, Kryptonite o Toby Hitchcock le han valido que el dedo flamígero del gigante italiano señale su camino hacia el Olimpo discográfico, otorgándole la confianza para iniciar su propio camino.

Junto a Michael Palace, encontramos a algunos elementos conocidos ya de la escena melódica escandinava, como el guitarrista Rick Digorio, el batería Marcus Johansson o mi querido amigo Soufian Ma’Aoui, uno de los mejores bajistas del mundo sin duda, que otorgan a este “Master Of THe Universe” un estatus técnico prácticamente inmejorable. Gente que a pesar de su juventud, han prestado sus skills a bandas y solistas como Adrenaline Rush, Reach, Erika, Houston, Find Me, Big Time o Miljenko Matijevic.
Como mandan los cánones, principiando con la homónima “Master of the universe”, recordándome poderosamente aquel inolvidable “Never say surrender” editado en 1.993 y que se convirtió en piedra angular del estilo, hablo, obviamente, del único disco editado por aquella bandaza llamada Red Dawn. Debo decir que la forma de tocar de Michael Palace es una mezcla bien balanceada de técnica y feeling, sin abusar de la rapidez o el virtuosismo, muy en la línea de maestros como Rob Marcello.cat_album_image2_Palace-Band_2_57598a234120c

“Cool Running” incide en estas premisas, quizá con algunas querencias más aor por obra y efecto de un colchón de teclas bombástico. Todo un ejercicio de buen melódico a la inglesa (Airrace, Moritz, After Hours, Tobruk y los más actuales Newman se me vienen a la cabeza), huyendo acertadamente de su herencia escandinava. A pesar de que no puedo encontrar info a propósito de la mano que ha metido estas teclas en este álbum, apuesto fuertemente por Alessandro Del Vecchio o Eric Ragno.

“Man behind the gun” se adorna con unos coros muy Leppard, pero ahí acaban las similitudes, pues me decanto más por la opción Hardline para describiros adecuadamente a qué puede sonar este corte.

Y, por cierto, cuando pongáis vuestros oídos en la deliciosa “Part of me”, querréis enamoraros desesperadamente de alguien, sólo para poder sacar de vuestra cabeza esta jodida maravilla. Con una estética y sonido muy FM del “Tough it out” y unos coros acojonantemente buenos, conforma un hit de libro. Ahí no acaba la cosa, porque enlazamos con otro mazazo de la mano de “No Exit”, un corte que bien podrían haber firmado los griegos Wild Rose.

“Matter in hand” cruza el charco para traernos ecos y olores de aquellas bandas de los ochenta americanas como Saraya, Witness, Aviator hasta asesinar mi conciencia a manos de ese estribillo premeditado y cruel.

“Path to light” es un falso medio tiempo, extraordinariamente influenciado por los Survivor de “Vital Signs” o “Premonition”, dotada del que quizá es el más inspirado solo de todo el álbum: lento, sedoso, sensual….
“Rules of the game” resulta ser la excepción al guión en que se mueven el resto de cortes, pues aquí sí detecto muchos de los clichés del rock melódico escandinavo, sin ser un tema en absoluto mediocre tampoco me sorprende como el resto.

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“She said it’s over” ofrece un revival de aor a la antigua usanza, al igual que la buenísima “Stranger’s Eyes”, ésta última quizá con algunos más elementos extraídos del imaginario colectivo de los grandes solistas del Westcoast/Aor.
Y para finalizar, fiesta: una movidísima “Young/wild/free”, que me recuerda sobremanera a aquel “Wild on the run” de los nunca suficientemente valorados Tobruk. Temazo perfecto para el directo.

Siendo como soy un tipo que se precia de recoger los dones que me ofrece la vida sin hacer muchas preguntas, cuando algo me gusta no busco el motivo: sólo lo disfruto. Sea o no arriesgado, sea o no moderno, la propuesta de estos Palace me satisface profundamente. Es uno de los mejores discos que he escuchado en los últimos años. Si te gusta el Aor, estarás conmigo. Y creo que resulta necesario reconocer la visión de los cazatalentos de Frontiers al no dejar escapar a un tipo tan esperanzador como Michael Palace. Oiremos hablar mucho de él, estoy convencido. Se avecinan buenos momentos, de esos que nunca han faltado en las ofertas mensuales de la compañía que dirige Perugino, pese a quien pese.

9´7

Rocky