ff2014sold_touch Última entrega del festival europeo de Rock Melódico por excelencia, un momento especialmente emotivo para nosotros ya que fue allí donde se originó el embrión de este blog. Es por eso que en cierto manera, ahora que parece ser que no habrá más Firefest (por lo menos tal y como lo conocemos y en un futuro inmediato), en ViriAOR nos sentimos especialmente huérfanos.
Viernes:
Abrían fuego Angels Or Kings, banda que fue seleccionada por votación popular con el único pre-requisito de que no tuvieran contrato previo con ninguna discográfica. El resultado fu sorprendentemente bueno, Angels Or Kings pese a tener cero renombre en la escena es una banda con sonido profesional formada por veteranos del Rock, que nos presentaron un sonido clásico en la onda Hardline.
Los siguientes en aparecer fueron el combo griego Redrum y su capitán teutón, el omnipresente Michael Bormann quienes ofrecieron un buen repertorio de hard melódico. Pero para mí, el plato fuerte del día fueron los progresivos Circus Maximus que venían a invadir tierras melódicas con el impresionante Nine como principal arma. Los suecos dieron un conicerto principalmente basado en dichos temas con la suma de la power-aorera Arrival Of Love del anterior Isolate. Un conjunto que disfruté como un niño pero que comprensiblemente no encajó con parte del público que no estaba para peripecias progresivas.
En cambio los que si eran fruto de devoción del respetable congregado en la Rock City pero ofrecieron un show menos digno fueron SHY, y es que si ya de por sí, no tengo mucho amor por la voz de Tony Mills, el vocalista se nos presentó en un estado de forma deplorable. Por suerte SHY cuenta con temazos de tal calibre que ni siquiera un Mills afónico y resacoso fue capaz de arruinar. Siguieron The Poodles quienes ofrecieron un directo más decente pese a no brillar especialmente, obviamente los temas de su época con Pontus Norgren elevaron mucho la media.
El mayor fiasco de la noche vino con Ten quienes tuvieron uno de los peores sonidos que haya tenido que sufrir en mi historial de 8 Firefests, el presentarse con tres guitarras aún festival melódico taDSC07199mpoco ayudó mucho.
Mucho mejor suerte corrieron HEAT. Con una posición como cabezas de cartel ganada a pulso (creo que son la banda que más veces ha tocado en el Firefest) dieron, como siempre, un concierto ultra-energico que acabó contagiándonos a todos, pese a que los temas del reciente Tearing Down The Walls tienen un pobrísimo encaje con el resto de su repertorio mucho más melódico. Por cierto fueron los únicos que se dignaron a tener un recuerdo para el desaparecido Jimi Jamison, así que bravo por ellos!
Sábado:
Otros “angels” abrieron el sábado, recayendo esa responsabilidad en el proyecto Rage Of Angels que pese a presentarse sin Danny Vaughn tuvo una actuación muy digna que dio paso a otras de las famosas dos reunificaciones típicamente Firefest: From The Fire y Boulevard. Los primeros más discretos e incomensurables los segundos hasta el punto que les considero los vencedores de esta edición junto a Danger Danger.
Pronto descargaron los Sleazy Babylon AD que contrapusieron su rock directísimo al AOR que les precedia y no salieron nada mal parados. Un tanto más bajos de forma estuvieron los Hard/Heavys Pretty Maids que fueron barridos por Black N’Blue que pueden ser definidos como unos AC/DC con esteroides. Los segundos cabeza de cartel dieron espectacular show de hard rock lleno de pirotecnia en las guitarras.
En cambio Firehouse salieron a buscar el empate, con un show repleto de solos y speeches que por necesidad les resto tiempo a los temas que muchos habían venido a oír, confirmando la mala sensación que me dieron en su anterior aparición en el festival, cuando fueron barridos por sus teloneros unos tales Danger Danger, el tiempo lo pone casi todo en su sitio.firefest9
Domingo:DSC07406
El domingo empezó con un pepinazo del nivel de Axxis, una banda con unas tablas y un saber hacer que les debería haber puesto en una posición mucho más alta en el cartel pero que por eso mismo era la ideal para calentar al público, cosa que hicieron con maestria. Los siguientes C.I.T.A./Guild Of Ages ofrecieron otro grandísimo show de rock melódico con tintes prog.
El grandísimo y doloroso fiasco del día fueron Touch, que venían a substituir a los caídos Tower City, con una formación harto extraña de la que elúnico miembro original era Mark Mangold pero que tenía el aliciente de contar con Goran Edman en sus filas. Por desgracia Edman, que és uno de mis ídolos melódicos, estaba en un estado vocal similar al de Mills, con lo que me fue imposible disfrutar del espectáculo. Cabe decir que a diferencia del vocalista de Shy, Edman lo llevó con mucha profesionalidad y entrega.

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Les siguieron Brother Firetribe, una banda para mí un tanto idealizada, que si bien tuvieron grandes momentos ofrecieron un show bastante irregular, en parte porque su vocalista Pekka Heino a duras penas conseguía llegar al tono. La banda del guitarrista de Nightwish dio paso a otros viejos conocidos como son Coney Hatch que dieron un show muy parecido a sus anteriores actuaciones en el Firefest con She’s Gone como mayor atractivo.
Una grandísima sorpresa fueron Autograph que salieron como un huracán de hard rock, potenciado por su nuevo cantante que dio sobradamente la talla tanto como vocalista como haciendo las labores de frontman, entre otras joyas nos regalaron Blondes In Black Cars o Turn Up The Radio (aparte de tentarnos con That’s The Stuff y luego no tocarla).
Pronto llegaron los cabezas de cartel, la última banda del último Firefest, y no podían ser otros que los reyes del party rock, Danger Danger. Reforzados por el regreso de un inmensísimo Andy Timmons y del teclista Kasey Smith dieron un brutal repaso a sus dos primeros trabajos con temazos como Bang, Bang, Rock America, Don’t Blame It On Love y las imprescindibles Don’t Walk Away (con Poley paseándose entre el público y sorteando el “suelo más pegajoso del mundo”), Mokey Business o Naughty Naughty. Nos regalaron también con Goin’n Gone de la época de Paul Laine y una emotivísima cover del Don’t Stop Believin’ de Journey que cerró la fiesta con la organización y buena parte de los músicos de HEAT, Autograph y otros sobre el escenario.

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Un último Firefest con sabor obviamente agridulce, pero también algo desangelado por tantos amigos que faltaban y la sensación de que muchas de las bandas acabaron saliendo a medio gas por una u otra razón. En todo caso un final digno para una de las piezas más importantes de la historia melódica del viejo continente, que esperemos que en algún momento del futuro pase de punto final a un continuará.

Callisto